Sin duda alguna “El Sinaloense” es la canción más emblemática del estado, letras que al escucharlas acompañadas de la tradicional música de tambora hace que se ponga la piel “chinita” a uno al escucharlo cuando estamos lejos de nuestra hermosa tierra.

Por lo anterior en NÁVOLA RESTAURANTE con información de 18 encuentros de la Historia te trae la historia del hombre al que los sinaloenses deben conocer.

Óscar Malacón López, hijo del matrimonio del libanés Jorge Antonio Malacón Hallal y de Carlota López Castro, nació en Navolato el 18 de octubre de 1930 y 16 años después ingresa a la historia musical de México.

Termina su instrucción primaria en el viejo edificio que albergó a la escuela licenciado Benito Juárez García, entonces ubicada en lo que actualmente son las oficinas de la Policía Municipal de Navolato.

Después de estudiar secundaria en la prevocacional de Culiacán, inicia en la ciudad de México la carrera de Ingeniería Química e Industrias Extractivas en el Politécnico Nacional, combinando sus estudios con un empleo en los laboratorios farmacéuticos Laberan, administrados por Enrique Peña Batiz.

Como miembro de la Federación de Estudiantes Técnicos Sinaloenses, se hizo de personal amistad con don Adolfo Ruiz Cortines, tocándole en muchas ocasiones, ser contrapeso ante el anarquismo de Salvador Robles Garnica, senador por Michoacán, y en ese tiempo dirigente nacional estudiantil politécnico.

Su cercanía con Ruiz Cortines le permitió hacerse amigo de los político Gilberto Flores Muñoz, Alfonso Corona del Rosal, de Wal Vidal que fuera secretario de Educación Pública y mecenas del estudiantado sinaloense, y con Leopoldo Sánchez Celis, a quien conoció en una época de mucha pobreza del cosalteco, tocándole la satisfacción como amigo, de haberlo ayudado política y económicamente, junto con el mocoritense Humberto Morales Corrales, que después fuera político relevante en el sexenio gubernamental de Sánchez Celis.

Óscar Malacón López tiene el honor de haber sido quien pidiera a don Severiano Briseño una canción para Navolato, y que como resultado principal de tal petición, aquel insigne músico, nacido en San Luis Potosí el 21 de febrero de 1902 y fallecido en la ciudad de México en 1989, autor del “Corrido de Monterrey, “Caminito de Contreras”, “Ya lo pagarás con Dios”, y otras famosas dio a luz uno de los sones más populares de México, el himno de Sinaloa: “El Sinaloense”.

El 1946, habiendo terminando la prevocacional, se traslada a la capital de la República, al Politécnico, acompañado de Carlos Raúl Pérez Amezcua que vivía por la Morelos, donde hoy está la casa de Ricardo Villalobos Valenzuela, y de Candelario Gallardo Sánchez, hijo de doña Julia Sánchez que vivía a un costado de la escuela de “Los Mangos”.

En aquellos años era muy común quedarse varado en la carretera Internacional, ya que por la falta de puentes al crecer los ríos, había que esperar que bajara el nivel del agua. Así les sucedió a ellos y a don Severiano Briseño que viajaba rumbo al Distrito Federal, siendo el cabaret “El Torito Manchado”, ubicado en el Viejo Mazatlán, donde lo conocieron mientras se divertían y esperaban reanudar su viaje.

Admirado don Severiano de la fogosidad de aquellos jóvenes y de la destreza de Óscar bailaba las piezas que tocaba la banda, acompañado de una bella damisela, se presentó a la mesa de ellos a conversar siendo precisamente Óscar, quien le pidió compusiera una canción a Navolato, no sin antes describirles las virtudes de su querido pueblo, contestándole el compositor que sería un compromiso de honor.

Y cumplió don Severiano Briseño aquel compromiso, dándonos a los navolatenses, a los sinaloenses y a los mexicanos, uno de los más bellos regalos de su inspiración, porque “Desde Navolato vengo”.

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